Descubrir las Maldivas – Iº Parte / Blog

Descubrir las Maldivas – Iº Parte

Uno de los grandes atractivos del buceo es que tan pronto nos sumergimos en su maravilloso mundo, nuevos nombres propios que antes nos eran desconocidos o carentes de interés empiezan a cobrar un nuevo significado. Países, regiones, archipiélagos, poblaciones o zonas concretas próximas o bien remotas ahora presentan el valor añadido de ofrecernos la oportunidad de prolongar nuestra afición hasta sus dominios. Es por esto que con el tiempo, prácticamente todo buceador elabora en su cabeza una larga lista de destinos preferentes que desearía visitar en algún momento de su vida. Si bien son centenares las posibilidades, variando mucho en distancia, entorno y fauna submarinos y el presupuesto exigido -tres factores casi siempre proporcionales-, existen unos enclaves que se han convertido en mecas del buceo, unos lugares que siempre están en lo más alto del ranking de los “must-see, must-dive”. Uno de éstos es, sin lugar a dudas, Maldivas.

Este país insular localizado en pleno océano se sitúa junto al Mar Rojo y el Caribe de habla hispana entre los destinos de buceo más deseados y visitados por el buceador español. Un servidor se contaba entre los muchos que todavía tenían que “tachar” Maldivas de la lista hasta que, hace más de dos años, Judith de la Rosa me invitó a bordo del fantástico Southern Cross en un crucero de una semana.

Huelga decir que durante todos los meses que precedieron a mi visita el entusiasmo y las ganas de que empezara la aventura eran desbordantes. Si bien ya había viajado lo mío -aunque nunca es suficiente cuando uno le coge gusto-, hasta la fecha no había tenido demasiada fortuna en el encuentro con mantas y tiburones, los dos grandes reclamos del buceo en Maldivas. ¿Iba esa nueva oportunidad a poner fin a mi mala suerte en ese respecto? Por lo que sabía, si existía algún lugar que pudiera mostrarme mantas y tiburones casi con absoluta garantía, éste era Maldivas. Si habían guías capaces de acrecentar esa probabilidad, éstos eran Judith de la Rosa y Hassan, a los que ya conocía personalmente.

Tras meses de interminable espera, el momento de lanzarse a la aventura llegó. El primer vuelo me dejó en Doha y de ahí dí el salto definitivo a Male, la capital maldiva, donde el país me recibió nada más salir del aeropuerto con un calor húmedo y pegajoso, característico de los países tropicales, pero también con las prometedoras vistas del puerto y, más allá, dibujándose en el horizonte, la del verde y marrón claro de los pequeños atolones.

En uno de los bares contiguos al aeropuerto encontré al resto de los buceadores que compartirían crucero conmigo. El buen humor en el grupo no dejaba lugar a dudas de las expectativas que teníamos para los próximos siete días. Algunos de ellos eran repetidores, y aún así su entusiasmo parecía no haber menguado en absoluto, posiblemente porque ya sabían lo que les esperaba por delante.

Al poco rato llegó Judith de la Rosa y abordamos el dhoni que nos llevaría al Southern Cross, anclado en la entrada del puerto. Mientras tanto, yo no podía quitarme de la cabeza la posibilidad de ver mantas y tiburones… ¿Me abandonaría la mala suerte y terminaría por verlos? ¿Qué me depararían las aguas maldivas? ¿Realmente este lugar hace honor a su fama? Todas estas preguntas hallarían su merecida respuesta en los días que seguirían y las compartiré con todos vosotros en la segunda parte de este relato.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *